La concha tu maiden

Soy sagitario como también soy liebre de fuego. No creo en los horóscopos, pero seamos justos en reconocer que ambos coinciden en que debiese ser una persona apasionada e intensa. Lamentablemente lo soy. Siendo la música una de esas cosas que me apasiona, no solo la escucho sino que veo documentales, he tomado algún diplomado, leo libros. En especial por que soy un convencido que para disfrutar al máximo un disco o banda que te gusta tienes que sumergirte en el contexto político-social, las tendencias de la época, que es lo que venía haciendo la banda o artista, etc.  Eso sí, la música no siempre estuvo ahí, hubo un tiempo que la música era lo que mis padres ponían para viajar a viña, la radio que sonaba al fondo de donde estuviese. Poco a poco con mis compañeros de colegio comenzamos a consumir, casi como por obligación, lo que MTv nos mostraba para el consumo, eran años oscuros sin Internet masificado, descarga masiva de música, spotify o youtube, por tanto  el consumo musical era impuesto por la cadena norteamericana.

En enero de 1999, con 12 años recién cumplidos, no sé muy bien por qué, tal vez por alguna búsqueda de identidad juvenil, decidí tener mi primer CD, ese álbum fue The Number of the Beast (TNOTB) de Iron Maiden. ¿Por qué lo quise? Su caratula me llamó de sobremanera la atención.

Era el primer disco de Bruce Dickinson con la banda, tampoco sabía que su virtuosidad vocal y profesionalismo le habían permitido a Steve Harris componer las canciones del disco de una forma que todo encajará de forma perfecta, sabiendo y pudiendo poner mano a un vocalista el cual podía proyectar su voz mucho más allá del horizonte que hasta ahora había vislumbrado. Además, la conexión entre ambos era sencilla puesto que sus influencias convergían, en gran medida, con nombres como Deep Purple, Black Sabbath y Jethro Tull. En esa época no sabía nada de eso, tampoco quiénes eran Bruce y Steve, menos había escuchado a Deep Purple, Black Sabbath o Jethro Tull.

Lo que sí recuerdo es que puse el CD en el equipo del living y me acosté en el suelo con la cabeza en dirección a los parlantes. De repente como un latigazo una batería que a la par entraba con un bajo galopante, en la introducción de Invaders, 12 segundos de adrenalina, curiosamente para mí sin guitarras, que te daban la bienvenida al disco. Después de esos 12 segundos, una marcada de tiempo con los platillos de la batería y vuelve ese bajo galopante, entran las dos guitarras y aparece la voz.

Me quede inmóvil, devorando cada canción, cada acorde, cada nota, cada letra, hasta que el disco terminó. Yo no entendía bien que me estaba pasando, nunca había experimentado algo así. Recuerdo que permanecí inmóvil y deje que el disco corriera unas 5 o 6 veces más. Ese fue el primer día que me perdí Dragon Ball.

The Number of the Beast es el primer disco de la trilogía de álbumes que inmortalizaría a Maiden como una de las grandes bandas de Heavy Metal, lo curioso es que el sonido de Maiden no encaja en ese triunviratum. Desde el primer disco en 1980 hasta su quinto disco de 1984, se vislumbra que son más que una banda de heavy metal tradicional, no solo por la profundidad de sus letras sino por el virtuosismo de sus músicos, algunos pasajes de las canciones que se acercan  al rock progresivo. Con el disco Somewhere in time, dan rienda suelta a la libertad creativa y se desmarcan de todo lo que estaban haciendo las bandas de heavy metal en esa época, rompiendo los esquemas y transformándose en un hibrido del heavy metal, la cúspide de la pirámide en el rock pesado de la época. Claramente, a mis doce años no sabía nada de esto.

Recuerdo, que durante un mes y medio, llegaba del colegio me tiraba en el piso del living a escuchar unas 5 o 6 veces el disco, hacia una pausa para ver Dragon Ball y continuaba el ritual. El librito del CD, lo sabía de memoria.  La canción de cierre, Hallowed by the name, una canción lenta que va acelerándose me trastornaba, de ahí debo hacer sacado el gusto por las canciones de rock que paulatinamente se van acelerando, como Hells Bells de AC/DC, Sympathy for the Devil de los Rolling Stones o Armed and Dangerous de Anthrax.

Pero era hora de evolucionar. Tres meses despues de la compra de TNOTB, ya tenía en mi poder los álbumes Iron Maiden y Killers, el primero y el segundo de la discografía. Dos discos potentes, mas punketas que TNOTB, pero ya algunas canciones  hacían sus guiños al rock un poco más progresivo, pero el virtuosismo de los musicos estaba ahí, sin ir mas lejos, la canción Phantom of The opera, no podía creer lo que estaba escuchando. Me produjo una sensación parecida a la  primera vez que escuche Maiden, fueron semanas que me tiraba en el suelo del living, unas cuatro horas y media solo escuchando esa canción, unas 40 veces por día.

The number of the beast fue grabado en los estudios Battery, donde habían grabado el disco anterior, Killers, el disco mantiene la calidez del sonido de este, pero la batería de Burr, aporta una fluidez que influye a todos los miembros de la banda a tocar con naturalidad. El álbum es netamente un álbum de heavy metal ochentero que nace de la plasticidad del Killers, pero que va evolucionando poco a poco a un sonido más pulido y rígido. Ese nuevo sonido de Maiden está muy entrelazado con lo rubricado por Black Sabbath en el disco Heaven and Hell de un año y medio antes.  Se deja de lado la velocidad y agresividad del Killers para otorgarle a las canciones mayor espesor, volumen y corpulencia. Por supuesto nada de esto era conocido para mí, solamente que el killers era más “áspero” que el Number.

A principios del año 2000, había leído todo lo que había encontrado de maiden, las veces que tenía acceso a internet leía sobre la banda y tenía la discografía completa. Justo esos años habían sido de decadencia de la banda, por que Dickinson había abandonado la agrupación el año 1994, en esos cinco años solo habían sacado dos discos, que musicalmente eran espectaculares pero la voz de Bayley no terminaba de convencer. En definitiva no era una buena época para ser un nuevo fan de maiden.

En mayo de ese año, para mi sorpresa y emoción, MTV aireo un nuevo vídeo de Iron Maiden, The wiker man, me dio una leve taquicardia al ver que el vocalista era Bruce Dickinson. Desde ahí se consolidaron como la banda de rock más importante del mundo vigente, con cinco discos en estudio, ocho discos en vivo, diez giras mundiales, y los últimos años piloteando su propio avión (única banda que viaja con su propio avión). Pero no solo fue la época de consagración (o mejor dicho de reconocimiento) de Maiden, que siempre había tenido problemas de entrada con la prensa especializada, sino que comenzó mi militancia dura con la banda. No solo me conseguí libros y biografías, sino que comencé religiosamente a seguir los itinerarios de la banda, los comencé a ver en vivo en el extranjero (este año tendré la oportunidad de verlos en Madrid y Lisboa).

Pero volvamos a TNOTB, hay dos grandes locuras que realicé respecto ese disco, un disco que definitivamente marcó un antes y un después en mi vida, el primero fue que necesitaba escuchar el disco tal cual sonaba el año 1982, por ende moví tierra mar y cielo logrando que con un grupo de personas organizamos una escuchada a un vinilo del álbum de 1982 en un equipo musical de los existentes de la época. La otra locura fue que me conseguí todos los conciertos de la gira del TNOTB, 184 conciertos, y los escuché todos. Los conciertos están en mi pc por si alguien quiere.

La verdad quería escribirle estas pequeñas lineas a TNOTB, por que me hizo enamorarme de la música, hizo que estudiara a una banda, lo que me llevo a descubrir un mundo entero que estaba viviendo en el pasado, todas las bandas que fueron influencia de Maiden, solo por nobrar algo, Peter Gabriel, idolo de Bruce Dickinson, Black Sabbath, que me llevó a conocer a Dio y este ultimo a Rainbow, mientras que Rainbow me presentó a Richie Blackmore, que me llevo a conocer Deep Purple.. y podemos seguir eternamente. Gracias por tanto The number of the beast.

 

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