El Amor en los tiempos de Milton Friedman.

Estimados lectores, como había informado el blog quedaría en suspenso hasta que diera el examen de grado, misión cumplida y aquí está de vuelta, por ser una ocasión solemne escribiremos algo un poco mas serio de lo costumbre!

“Nadie tiene dominio sobre el amor pero el amor domina todas las cosas”

– Jean de Lafontaine

Dominios-que-enamoranEl amor en los tiempos modernos es un fracaso. Desde que tenemos la ley de divorcio los matrimonios tienen una duración aproximada de cuatro años, cada vez aumentan las personas que prefieren estar acompañados de una mascota mientras que siempre conocemos una pareja realmente feliz, nos enteramos que es de aquellas que rompen el molde de lo que normativamente se considera correcto, otorgándose recíprocamente libertades tanto sexuales y sociales que el común de las personas considera impropias. ¿Cuál es el problema? ¿Por qué fracasa el amor?

Para poder responder esas interrogantes tenemos que hacer una pregunta previa: ¿Qué es el amor?. Esa pequeña, pero molestosa pregunta ha estado en el centro de la filosofía por siempre y a pesar de eso nunca ha podido obtener una respuesta satisfactoria. Para algunos, es una reacción química en el cerebro que se manifiesta por cierta cantidad de meses. Reacción química  asociada a las áreas del cerebro de la exaltación y euforia, pasado un tiempo las reacciones químicas dejan de de presentarse en esas  áreas y se concentran en los sectores del cerebro relacionados con la memoria*.  Por otro lado Dante fue el primero en decir que el amor era un sentimiento y que este habitaba en el corazón, para otros el humano es un animal social y de costumbres por lo que amar respondería a una necesidad natural de supervivencia tanto de compañía como de rutina, mientras que para otros grupo de académicos las relaciones amorosas son simples  relaciones morales.

La verdad que responder a ¿Qué es el amor? es imposible, por lo menos para los efectos de este blog, pero si podemos decir como históricamente se ha manifestado el amor: como una relación de dominio.

Eros desarma al dios de la guerra', de Bonaventura Genelli

“Eros desarma al dios de la guerra”, de Bonaventura Genelli

Para los griegos existían diez tipos distintos de amor, pero el amor que nos atañe, era Eros, este Dios del amor, que se metía en tu cuerpo para dominarte, incluso Hades sufrió este dominio al punto de ser “desarmado” cuando se enamoró de Perséfone, en la edad media existe un amor por Dios que te dominaba pero también existía “la Doña”, que es tu dueña la cual tu vida giraba en torno a ella, todas tus acciones iban condicionada a ella, como lo podemos ver en la literatura caballeresca. El mismo fenómeno de dominancia se puede apreciar en todas las épocas de la historia humana, a veces de la mano de la libertad sexual y otras no, como se puede ver en la insoportable levedad del ser de Kundera, al final la felicidad del protagonista esta supeditada a aceptar que la única forma de ser feliz con la persona que ama es ser dominado.

¿Qué pasa en nuestros días?

Nuestros días están dominados por lo libertad, una libertad negativa (en contraposición de un libertad positiva en términos de ausencia de impedimentos no como valoración subjetiva) completamente egoísta, un sistema económico y social que nos insta desde pequeños a sobresalir individualmente transformándonos en seres intrínsecamente egoístas, amantes de una libertad que ha inundado todos los ámbitos de la vida a puntos que raya con la irresponsabilidad ciudadana con la República.

Precisamente es por eso que el amor fracasa, por que somos seres “post-modernos”, amantes de una libertad negativa, la cual entendemos inherentes a la condición humana, esa libertad no es compatible con un concepto de amor “clásico”, ese amor en términos de dominancia no se condice con esta libertad, por tanto seguimos esperando encontrar un amor en términos clásicos o románticos, esos de los libros, de las películas o el que vivieron nuestros abuelos,  pero no queremos renunciar a nuestra libertad, en otras palabras para que el amor triunfe en nuestra época o inventamos una nueva forma de amar que sea compatible a nuestra libertad o renunciamos a nuestra posición como ciudadanos “post-modernos” abocándonos a una relación amorosa clásica.

* Por eso no puede haber amor sin recuerdo.