El golpe de ESTADIO

Siempre que se habla de los intentos de la U por construir su estadio, se hace referencia al famoso mecano comprado en Brasil en los años ’80 y que terminó oxidado en la Zona Franca de Iquique y rematado finalmente como chatarra. Sin embargo, nada se dice de intentos anteriores. Alguna vez leí algo sobre la Quinta Normal a mediados del siglo 20, al igual que el Recoleta. Sin embargo, el plan más concreto se llevó a cabo a inicios de los ’70. Hasta antes de hallar esta información, lo que por años escuché acerca de la relación Parque Araucano-Universidad de Chile es que la U “perdió” esos terrenos durante el gobierno militar, y nada más. Algunos periodistas y comentaristas han creído que todos sabemos cómo fueron las cosas, pero se olvidan que nuevas generaciones se van integrando a la vida y muchos estábamos recién naciendo, mientras que otros ni siquiera estaban en mente. O quizás no dicen las cosas como son, porque todavía tienen “miedo”, no ya a ser detenidos, pero sí a perder auspiciadores o contratos. O peor aún: quizás no tienen idea, pero siguen tirando frases como “la U perdió esos terrenos” sin saber en verdad qué pasó. Me la juego por la alternativa tres. Es como cuando dicen “todos sabemos lo que pasó entre Salas y Zamorano en Montevideo” y que significó el distanciamiento entre ellos. Pero no, disculpen. Llevo diez años escuchando aquello y todavía no sé qué diablos pasó, salvo una que otra frase de éstas con información parcial.

El Estadio del Parque Araucano

En 1970 el gobierno de Salvador Allende emprendió un importante plan urbanístico en el antiguo Fundo San Luis, terrenos comprendidos entre Avenida Kennedy, Américo Vespucio, Los Militares y Nuestra Señora del Rosario. Exacto, coordenadas que hoy podemos identificar como una de las grandes manzanas del poder económico, con el hotel Hyatt, el Parque Arauco, el supermercado Tottus, edificios corporativos con nombres de poetas (el de LAN entre ellos) y de una piedra en el zapato para algunos: la villa San Luis, aquellos edificios de aspecto popular y carentes de estilo que tanto molestaron el impulso modernista de ese importante enclave de la comuna de Las Condes. Allí, en uno de los terrenos con más plusvalía de Santiago, se pretendió construir un modelo de vivienda social en altura para los pobladores de dicha comuna, muchos provenientes de campamentos ubicados en la rivera del Mapocho, en un entorno que daría mayor calidad de vida, con un parque cerca… y un estadio de fútbol.
En efecto, luego de haber vivido la mejor temporada de éxitos deportivos, la mejor década del equipo de Leonel y de todo el fútbol chileno en su historia, los dirigentes de la U vieron una oportunidad para hacer posible el sueño del estadio. El Ballet Azul multiplicó en los ’60 la hinchada de la U y el club, dueño de algún patrimonio, se consideraba en condiciones de asumir el desafío. En efecto, en aquellos años el “Club Deportivo” de la Universidad de Chile, sino la que más, era una de las instituciones con mayor patrimonio del país.

La U poseía unos terrenos en La Castrina, en la comuna de La Granja, que fueron permutados a la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU), por seis hectáreas del Fundo San Luis, en una excelente jugada del presidente azul Emilio Torrealba. De esta forma, el gobierno levantaría más conjuntos habitacionales en la zona sur, mientras que la U construiría, además de un estadio, un espacio público y educativo para las familias vecinas al Parque Araucano. Claro, porque el acuerdo entre el Club y el gobierno consideraba que el proyecto de arquitectura del estadio correría por cuenta de CORMU, mientras que la U serviría sin costo alguno como Escuela Deportiva para los niños del sector.

Ya con un terreno para levantar la casa, el proyecto fue asignado a un equipo dirigido por el arquitecto Humberto Canobra, un ex jugador de la U de bigotito setentero y antecesor de Arturo Salah en el sector izquierdo de la cancha. Canobra, como parte del equipo del gobierno, concibió un diseño de estadio que respetaría la armonía del lugar. El Estadio de la U sería para 15.000 espectadores (supongo que en una primera etapa) y sus tribunas, al igual que el estadio de su eterno rival, estarían semi-hundidas, evitándose así la presencia de una mole de concreto en medio del parque.
Sin embargo, y mejorando lo del estadio de Blanco & Negro S.A., la parte sobresaliente de las graderías serían continuadas con un declive de césped, al estilo del nuevo estadio que construye el Chivas de Guadalajara.

El primer movimiento de tierras a cargo de la pala mecánica de otro destacado hincha azul, el ex ministro del interior y en ese entonces ministro de defensa José Tohá, se llevaría a efecto en una ceremonia a realizarse en… septiembre de 1973.

Un “golpe” al estadio popular de Las Condes

Lo que sigue es conocido por todos. Un golpe de Estado, violaciones a los derechos humanos, pérdida de los derechos civiles, el fin del sueño del estadio, un plan habitacional inconcluso, vecinos expulsados, departamentos demolidos y modernos edificios corporativos construidos en su lugar. Para los azules este hecho significó también el golpe a un plan de estadio demasiado ligado al espíritu del gobierno derrocado… y muy lejos de los nuevos intereses que se instalarían allí. Fue el inicio de los años más tristes, como también los años más difíciles para la Casa de Estudios.

Los fracasos deportivos que se vendrían (con la excepción de algunos planteles notables como la U 1980 de Fernando Riera, o la U 1986 de Luis Ibarra y Leonel Sánchez), serían la consecuencia de explicaciones que nunca se dieron y de actos ilegales que nunca se pagaron ante la justicia. La U era un club con un plan de estadio concreto y un patrimonio para llevarlo a cabo, pero que vio “perderlo” durante la nueva administración que empezó a regir a la U durante el gobierno militar, separada de la universidad y llamada Corfuch. La sede de la calle Santa Lucía (ocupada después como oficina de la DINA), una piscina en Carlos Antúnez con Los Leones, las seis hectáreas del Parque Araucano (piscina incluida) y US$ 50.000 de la venta del joven defensa central Alberto Quintano al Cruz Azul de México , se esfumaron en la dimensión desconocida. Todo ello serviría para construir el estadio; todo ello se perdió en los años siguientes… no quedó nada… y nadie sabe nada.

Si los partidos políticos de izquierda y de la Concertación recibieron indemnizaciones por sus bienes confiscados durante la dictadura militar, ¿por qué la universidad no exige una indemnización moral de parte del estado?

Necesitamos un terreno… proyectos arquitectónicos y de gestión tendremos miles.

Información obtenida de los documentos:

“Demolición de la Villa San Luis de Las Condes: Historia de dos despojos”, por Miguel Lawner, ex Director Ejecutivo de CORMU 1970-1973. Escrito en Copenhague, Dinamarca, 1979; complementada en junio de 2007.

“La U en la mira de Ambrosio”, por Miguel Lawner, coordinador de la Construcción del Edificio de la UNCTAD, también llamado Diego Portales y futuro Centro Cultural Gabriela Mistral; Arquitecto del Museo Salvador Allende; entre otros. Columna publicada en REVISTA ANÁLISIS en enero de 1986.